Masahisa Fukase "The Solitude of Ravens"

Source:  Photobook Guide

 

    "In The Solitude of Ravens Masahisa Fukase's work can be deemed to have reached its supreme height; it can also be said to have fallen to its greatest depth". So begins Akira Hasegawa's afterword to Fukase's The Solitude of Ravens, which was originally titled Karasu (Ravens) when it was published in Japan. There can be few photobooks sadder, lonelier, or more tragic than this sequence. Fukase had been famous for the joyous photographs he took of his wife but the marriage dissolved in 1976 and the emotions depicted in Fukase's portfolio began to reverse direction.

 

    A despondent Fukase became infatuated with the raven of his native Hokkaido, ten years worth of photographs of these birds make up The Solitude of Ravens. Published in Japan in 1986, it was republished in the United States in 1991. Soon after, Fukase fell down a staircase after returning drunk from a night out. He has been in a coma for the last 14 years. The photobook he left behind is a triumph of photographic expressionism, a record of a man who turned inward, leaving behind pure images of personal grief.

 

    The raven is a creature heavy with imbued meaning. Edgar Allan Poe's Raven, whose "eyes have all the seeming of a demon's that is dreaming", was a conflict of darkness and light. There is a dangerous loneliness to the singular bird and a great gloom to the flock that weighs down a sky. Perched together on a spindly tree, they sit in apparent melancholy. The raven lends itself to a particularly Japanese aesthetic. Elegant and strong in silhouette, it could be said to resemble a calligraphic marking. One image in the book is of a large aeroplane blocking out most of the viewfinder, its outline resembling the raven.

 

    When Araki Nobuyoshi's wife Yoko died of cancer in 1990, the great photographer descended into his own gloom. His visual vocabulary became one of vast skies, and the memory of Yoko was metaphorically preserved as photos of their pet cat. The departure of Fukase's wife, also named Yoko, left no room for fond rememberance. It was on pilgrimage to the northern Japanese island of Hokkaido that he adopted the raven as the symbol of the pain which never left him.

 

    Words can never suffice for these emotional photographs, but consider part of the narrative. Ravens flashlit in a night time tree, their eyes glinting back menacingly; a flock of ravens peppering the grainy sky; a dead raven, face down in the snow; a plump cat, close up, having just devoured a captured raven; a large naked woman on her side in bed, rolls of fat take the eye away from her closed eye grimace. What enormous loneliness could lead to such images? The book ends with a picture of a tramp, a mirror image of the introspecive photographer, cloaked in a cape of rags that hangs like wings. To view these images properly is not easy for they are not pleasant. There is no hope and no optimistic ending. Like Edvard Munch's expressionist The Scream, the despair Fukase depicts is borne of the artist's inner hell.

 

    The first edition of the book was published as Karasu in 1986, though it was also labelled The Ravens. The cover shows a black on black silhouette of a raven, similar to the photograph at the top of this article. The book, like many Japanese Photobooks, is housed in a simply brown cardboard slipcase, and is now incredibly rare. The re-issue in 1991 by Bedford Arts has a different cover (shown above) and no slipcase. It is becoming difficult to track down a copy in good condition for a decent price.

 

    The Solitude of Ravens was Fukase's last work before he plunged into coma. This is a monumental and pivotal work in the history of photobooks underscored by the terrible tragedy of the photographer who created it.

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Traducción:  JC Gibbs

 

Fuente:  Photobook Guide

 

 
    “En el libro de Masahisa Fukase “The Solitude of Ravens”, (La Soledad de los Cuervos), se dice que el fotógrafo alcanzó su supremacía máxima, también se puede decir que ha caído en su más grande profundidad.  Así inician las palabras de Akisa Hasegawa para La Soledad de los Cuervos de Fukase, que fue originalmente titulado “KARASU” (Cuervos) cuando fue publicado en Japón.    Se podrán encontrar pocos libros de fotografías más tristes, solitarios y trágicos como esta secuencia.  Fukase ha sido famoso sobretodo por las alegres fotografías que tomó de su esposa, pero su matrimonio se deshizo en 1976 y las emociones representadas en el portafolio de Fukase tomaron una dirección reversa.

 
    Un Fukase abatido y encaprichado con los cuervos de su ciudad natal Hokkaido, diez bueno años de fotografías hicieron “The Solitude of Ravens”.  Publicado en Japón en 1986, fue republicado en Estados Unidos en 1991.  Un poco después, Fukase cayó de unas escaleras una noche al llegar embriagado.  Ha estado en coma por los últimos 14 años.  Su libro de fotografías que ha dejado es un triunfo al expresionismo, es el registro de un hombre que se ensimismó y dejó fotografías de dolor.

 
    El cuervo es una criatura de un significado imbuido.  Los Cuervos de Edgar Allan Poe, cuyos “ojos aparentan a un demonio que está soñando”, un conflicto entre la oscuridad y la luz.  Hay una peligrosa soledad al pájaro singular y a la penumbra de la bandada que abruma al cielo.  Perchados juntos en un larguirucho árbol, se sientan aparentando melancolía.  El cuervo se presta a sí mismo para una estética Japonesa. Elegante y fuerte en silueta, se podría decir que se parece a una marca de caligrafía. Una imagen en el libro de un gran aeroplano bloqueando la mayoría del visor, un contorno que se asemeja a un cuervo.

 

    Cuando la esposa de Araki Nobuyoshi murió de cáncer en 1990, el gran fotógrafo descendió a su propia melancolía.  Su vocabulario visual se volvió uno de los vastos cielos, y la memoria de Yoko fue metafóricamente preservada como fotografías de su gato mascota.  La partida de la esposa de Fukase, también llamada Yoko, no dejó espacio para recuerdos cariñosos.  Fue en la peregrinación al norte de la Isla japonesa Hokkaido que él adoptó los cuervos como símbolos de dolor que nunca le abandonaron.

 

    Las palabras nunca podrán bastar para estas fotografías emocionales, pero considera parte de la narrativa.   Los cuervos alumbran en horas de la noche en un árbol. Sus ojos destellan amenazantes; una bandada de cuervos como puntitos de pimienta en el cielo; un cuervo muerto, con la cara hacia abajo en la nieve; un gato regordete, cercano, acabando de devorar a un cuervo capturado; una mujer larga desnuda en su lado de la cama, rollos de grasa toman la vista hacia un lado de su ojo cerrado como una mueca.  ¿Qué enorme soledad podrían llevar a realizar estas imágenes?  El libro termina con la fotografía de un vagabundo, una imagen espejo que refleja la introspectiva del fotógrafo, tapado en una capa de harapos que cuelgan como alas.  Para ver estas imágenes adecuadamente no es muy fácil ya que no son placenteras.  No hay esperanza y ni hay final optimista.  Como el expresionista del grito “The Scream” Edgard Munch’s,  la desesperación de Fukase representa el infierno interno Terminal.   

 

    La primera edición del libro fue publicado como “Karasu” en 1986, también fue nombrado “The Ravens”.  La portada muestra una silueta negra de un cuervo, similar a la primera fotografía de este artículo el libro, como otros libros de fotografías japonesas, ha sido publicado en un estuche chocolate de cartón, y ahora se encuentra muy rara vez.  La nueva edición en 1992 por Bedford Arts muestra una portada diferente (mostrada abajo) y sin estuche.  Se ha vuelto muy difícil encontrar una buena copia por un precio decente.

 

    La Soledad de los Cuervos fue el último trabajo de Fukase antes de que cayera en coma.  Este es un trabajo monumental y crucial en la historia de los libros de fotografía, subrayado por la terrible tragedia del fotógrafo que lo ha creado.

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